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Los vencedores en Dios marcan la diferencia

Los vencedores en Dios marcan la diferencia

Base Escritural: 2 Samuel 23: 8-23

Introducción:

La valentía de un ser humano proviene de Dios. Él es quien nos asegura que, por encima de toda circunstancia adversa que estemos enfrentando, tenemos asegurada la victoria. No hay obstáculo, por grande que parezca, que no podamos superar con ayuda de Dios. La decisión de ser valientes, asidos de la mano de Dios, es nuestra y nada más que nuestra. ¡Decídase hoy a vencer por encima de las circunstancias!

I. Los valientes no salen huyendo cuando llegan las crisis (v. 8)

1. El valiente persevera con la mirada fija en una meta

2. El valiente no se conforma con ser uno más entre la multitud (v. 8)

3. El valiente está comprometido ciento por ciento con la causa

II. Los valientes no se desaniman porque los demás les dejan solos (vv.9, 10)

1. El valiente está preparado para quedarse solo (v. 9 b)

“... y se habían alejado los hombres de Israel...”

2. El valiente no mira la cantidad de los problemas, sino los logros que alcanzará (vv. 9 a y 10).

3. El valiente no depende de sus fuerzas sino de las de Dios (v. 10)

“Aquél día Jehová dio una gran victoria...”

III. Los valientes se mantienen firmes a pesar de las circunstancias (vv. 11-17)

1. El valiente no cambia sus metas pese a la adversidad (vv. 11, 12)

2. El valiente tiene claro que su Señor es quien da la victoria (v. 12)

3. El valiente no se detiene ante los obstáculos (vv. 14-17)

IV. Los valientes desarrollan sus capacidades a partir de las crisis (vv.18-13)

1. El valiente va hasta el final (vv. 18.19)

2. El valiente no se da por vencido fácilmente (vv. 20-23)

Conclusión:

Leí hace poco tiempo de un hombre que superó el record de sus antecesores, al cruzar el canal de la Mancha, en Europa. No fue fácil. Por el contrario, demoró bastante tiempo agotando, brazada a brazada, la distancia que le separaba de la meta. Cuando un periodista le entrevistó, el deportista dijo que no había sido fácil. Esa hazaña, explicó, era el fruto de mucho esfuerzo, metas logradas poco a poco, y ante todo, la experiencia de no dejarse vencer por los obstáculos. Así llegan a ser los cristianos vencedores: formados en las dificultades, con la diferencia de que estas victorias progresivas las alcanzan asidos de la mano de Dios.


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